Recibió el premio Nobel de la Paz en 1992 defendiendo los derechos de las mujeres indígenas. En 1998 esta guatemalteca de 57 años también consiguió el premio Príncipe de Asturias por su labor humanitaria y en la actualidad es la embajadora de buena voluntad de la UNESCO. Pero en la tercera edición de los Premios Platino, que se acaba de celebrar en Punta del Este (Uruguay) Rigoberta Menchú fue la nueva estrella del cine. La activista política y social se encargó de entregar el primer galardón al Cine y Educación en Valores. La iniciativa aúna el alcance del séptimo arte con el deseo de educar y fomentar una sociedad mejor, labor con la que la HFPA coincide en su deseo de divulgar el buen cine y a la vez contribuir sin ánimo de lucro a causas sociales.

Pregunta: ¿Qué hace una premio Nobel de la paz metida al cine?

Rigoberta Menchú: Este no es el campo en el que me muevo todos los días y llego a el con mucha humildad. Pero me da mucha alegría estar aquí. El cine, y en concreto los Premios Platino, son una gran oportunidad para que podamos reflejar identidades, realidades, que en muchos momentos parecen ficción pero que son reales. Con los premios Platino ha nacido un nuevo galardón para la educación de valores, una iniciativa que como alguien que lucha por los derechos humanos, que trabaja contra el racismo, la discriminación, que busca inculcar ideales en los jóvenes, en las mujeres, me parece un éxito. Es un gran triunfo disfrutar de la oportunidad de utilizar la pantalla de cine como un arte poderoso que inculque conceptos sobre concordia, respeto y paz.

Pregunta: ¿Cree que el cine puede ser un motor para mover conciencias?

Rigoberta Menchú: Todos sabemos que el cine es un arte poderoso que no solo inculca conceptos sino también puede construir valores y principios de respeto. Y como dicen en la cultura Maya, nuestra proyección debe de ser la existencia en harmonía. El cine es un instrumento muy bueno para captar las necesidades humanas de convivencia y darlas a conocer. Y especialmente cara a la juventud y a la niñez. Es impresionante la huella que deja una caricatura en la mente de un niño aunque esta imagen sea transmitida a través de la ficción del cine. Es una gran herramienta de educación.

Pregunta: Ha comentado que este no es su campo pero, ¿cuál fue su primer acercamiento al cine?

Rigoberta Menchú: Mi primer contacto fue cuando tuve la oportunidad de protagonizar el documentalCuando las montañas tiemblan. Tenía 23 años y fue una gran sorpresa participar en algo así. A partir de ahí me acerqué de manera permanente al campo de los documentales, especialmente a aquellos centrados en las mujeres, testimonios vivos sobre su vida porque eso es algo que no se puede adulterar. Posteriormente me interesó el cine de los pueblos indígenas y lo he seguido en diferentes festivales.

Pregunta: El filme colombiano El abrazo de la serpiente, candidato al Oscar y parte de la preselección de los Globos de Oro, se alzó como el máximo ganador en esta tercera edición de los Premios Platino, con 7 galardones incluido el de mejor película y mejor director. ¿Cómo cree que se puede potenciar más el cine iberoamericano indígena?

Rigoberta Menchú: Hay iniciativas muy importantes como los premios Platino. El mejor ejemplo es el reconocimiento de El abrazo de la serpiente y de la película guatemalteca Ixcanul (ganadora del premio ópera prima y premio del público). Cuando la vi por primera vez me sorprendió porque en las actrices vi a gente normal, natural, que de verdad vende elote en un mercado y no son simplemente actrices extraordinarias haciendo un papel. Ixcanul también me mostró la maravilla de estar rodada en maya. Nunca pensé que vería en la pantalla grande el idioma de mis ancestros.

Pregunta: Dejando el cine de lado por un momento, ¿cómo ve una premio Nobel de la Paz la actual crisis de refugiados en Europa?

Rigoberta Menchú: El mundo gira del revés. Durante las últimas décadas el tema de los refugiados afectó a todo el mundo menos a Europa. Y se habló mucho de la migración pero principalmente por trabajo. Espero que Europa tenga ahora la capacidad y la ética moral para darle a todas estas víctimas un hogar seguro. Yo fui refugiada a los 22 años. ¿Y con qué soñaba? Quería volver a la tierra en la que nací y de dónde salí. Y eso tiene que ser apoyado con todos los refugiados. Además también hay juventudes y dependerá mucho cómo los tratamos hoy para ver cómo serán mañana.

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