Tras la pluma de una niña poetisa

Angie Escobar, estudiante de 4° grado de un colegio de Ciudad Bolívar, le apostó a sus sueños y ganó. Su poema fue uno de los 15 finalistas entre 9.000 piezas literarias presentadas al XIII Festival Nacional de Poesía Infantil y Juvenil de Medellín.

“Soñar sí paga”. Esa fue la lección que Angie Katherine Escobar, estudiante de 4° grado del colegio Rodrigo Lara Bonilla de la localidad de Ciudad Bolívar, aprendió luego de emprender un verdadero viaje literario de la mano de Fanny Puentes, su profesora y mentora.

Angie le apostó a su talento y, con el apoyo de la maestra, envió su poema al XIII Festival Nacional de Poesía Infantil y Juvenil de Medellín. Con la pieza titulada ‘Mi sueño del corazón’, la pequeña escritora de Ciudad Bolívar se hizo acreedora de un lugar en la gran final del evento, que se llevó a cabo en el Planetario Municipal de la capital de Antioquia.

El poema de Angie Katherine fue uno de los 15 mejores del Festival, entre las 9.000 piezas que enviaron niñas y niños de todo el país, por lo que tuvo el honor de recitarlo delante de un selecto jurado y de los asistentes a la versión número 13 del tradicional encuentro de poesía infantil y juvenil de Medellín.

Sólo Angie Katherine y otro estudiante del Distrito obtuvieron este reconocimiento. “Angie y Joseph Alejandro Díaz del colegio Alberto Lleras Camargo  fueron los únicos por nuestra ciudad que recibieron la distinción, lo que hace más valioso este ejercicio” explicó la profe Fanny, quien ve reflejado en este logro el esfuerzo que la educación pública ha realizado para brindar una formación integral a niñas, niños y jóvenes bogotanos.

“No solo se trata de llenarlos de información sino de explorar con ellos todas las habilidades y aptitudes que tienen. Creo que de eso se trata la educación”, recalcó la maestra.

Sobre el encuentro, la pequeña poetisa cuenta que “fue algo muy emocionante, al principio me dieron nervios porque había mucha gente, pero me concentré y recité mi poema”. Con sus palabras les robó lágrimas y aplausos a más de 1.500 personas que asistieron al Festival para oír los versos de 100 niños de todos los rincones del país.

“En mis sueños veo regresar a mi papá. Y lo veo entrar en nuestra casa. Voy a ser feliz. Lo abrazaré. Y le diré que lo quiero mucho. Muchos besos le daré, en mis sueños…” recitó Angie, con la elegancia y la naturalidad que la caracterizan. Conmovida por sus propios versos, la pequeña escritora estalló en llanto y fue reconfortada por un poeta que la recibió en sus brazos y por el público que la animó con sus palmas.

“La poesía es la expresión de lo bello y ellos, los niños, son limpios y bellos. El poema de Angie ganó porque el jurado y todos los asistentes nos dimos cuenta que en realidad lo sacó del alma” comentó al respecto Diana Restrepo, directora de la Corporación Festival Infantil de Poesía.

Un viaje a través del alma

“El tema de este año del Festival eran los sueños. Yo les comenté a mis alumnos y empezamos a escribir. Mandé más de 100 poemas y solo escogieron el de Angie Katherine” cuenta Fanny Puentes, la mentora y guía por este viaje literario que inició con la convocatoria del Festival.

Para motivar a los niños a que plasmaran sus sentimientos en el papel a través de las palabras y se sintonizaran con el tema de este año, la profe Fanny echó mano de su creatividad e intentó transportar a sus alumnos al planeta de los sueños.

“Qué mejor que una ‘pijamada’ para soñar. Entonces todos trajimos nuestra pijama y nuestra cobija, cerramos las cortinas del salón y nos pusimos a soñar” cuenta Fanny, quien le enseña a sus más de 40 ‘hijos’ que la poesía y la escritura son herramientas para viajar a otros mundos a través del alma y de los sentimientos.

En la clase de la profe Fanny la poesía no solo se escribe, también se baila, se canta, se trova y se juega con ella. “En nuestra clase escribimos todo el tiempo y sobre todos los temas: el colegio, el barrio, la familia, la lluvia o el hambre. La poesía y el lenguaje son instrumentos para explorar nuestros sentimientos” comenta la maestra, quien no teme a implementar todo tipo de estrategias para enseñar a los niños que el conocimiento puede ser divertido.

“A nosotros nos encanta ‘atracar’ la biblioteca del colegio. Vamos con los niños y nos robamos las palabras. Yo no les digo cómo escribir poesía. Hablamos de sus sentimientos, de las cosas de las que quieren hablar, las ideas que tienen y miramos cómo lo quieren escribir, cómo poner eso en palabras”, explica Fanny.

Desde que se enteró del concurso, Angie empezó a escribir todos los días. Con Camila, su mejor amiga y compañera de escritura, aprovechó cada instante libre para irse a la biblioteca a afilar su pluma.

“Me gusta escribir en la biblioteca, pero también me gusta escribir en el parque y en mi casa. Escribo sobre los leones, sobre los animales”, asegura Angie Katherine, quien deja de lado la timidez de sus 10 años cuando declama y recita sus poemas.

Como el tema del concurso eran los sueños, Angie echó mano de su sueño más profundo y lo convirtió en unos versos ‘salidos del corazón’. “Yo le escribí este poema a mi papá, para que regrese porque mi mamá, mi hermano y yo lo extrañamos mucho. Espero que algún día pueda leérselo” cuenta la niña, que además aprendió en esta aventura que los versos pueden aliviar el alma.

Porque soñar sí paga

Apenas se enteró que su poema había sido uno de los elegidos para el Festival y que viajaría a Medellín junto a otros dos estudiantes de Bogotá para representar a la capital, Angie no cabía de la dicha. Armó su maleta y se preparó para la aventura de su vida.

 

Por primera vez, Angie montó en avión. “Fue muy chévere, se sienten cosquillitas cuando despega” cuenta la niña poetisa, quien fue recibida en el aeropuerto de la ciudad de la eterna primavera y alojada en un hotel para su comodidad durante el Festival, como la gran escritora que es.

“Estuvimos en el Parque Botero y conocimos muchas partes de Medellín, es una ciudad muy bonita. El Festival fue muy chévere, había niños de todo el país. Conocí mucha gente e hice muchos amigos” recordó Angie, amante de la poesía de Jairo Aníbal Niño y Mario Benedetti.

Tras su exitosa presentación en el Festival, Angie Katherine fue premiada con un reconocimiento por haber quedado entre las 15 finalistas, una tableta y una maleta llena de cuadernos, colores y todo tipo de implementos para seguir cultivando su escritura.

Así, ella, la profesora Fanny y todos los niños del colegio Rodrigo Lara Bonilla demostraron con su ejemplo que a la hora de soñar no existen límites. Aun cuando haya dificultades, en nuestros corazones está la materia prima de los sueños, solo hace falta explorar el alma y apostarle a nuestro talento, como lo hizo Angie Katherine.

Por Nicolás Rodríguez C.

Fotos Archivo Particular

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