Investigación recomienda uso de máscara a biciusuarios en Bogotá Estudio de la EAN explica daños a la salud por partículas y hollín que expelen vehículos con diésel.

Los 441.135 viajes en bicicleta diarios, que corresponden al 8 por ciento del total realizado en la ciudad, es razón suficiente para destacar que este medio de transporte se hace todos los días más común. De hecho, según proyecciones de la Secretaría de Movilidad, se estima que el número de estos ya ha aumentado a 670.910.

El problema es que así como esto demuestra un cambio positivo del ciudadano en relación con el medioambiente y su forma de movilizarse en la ciudad, también le acarrea una serie de problemas de salud a la luz de la calidad del aire.

Según un estudio de la universidad EAN, liderado por José Alejandro Martínez, docente asociado del Instituto para el Emprendimiento Sostenible de la Universidad EAN y el joven investigador Julián Felipe Segura, egresado de esta institución, los ciclistas, al movilizarse por la ciudad, se exponen a valores considerables de material particulado fino y hollín, como producto de los vehículos que usan diésel como combustible.

El análisis comenzó hace más de dos años y midió el impacto del tráfico vehicular en los niveles de concentración de las partículas contaminantes a los que están expuestos los biciusuarios en las principales ciclorrutas y calles de Bogotá. Los niveles a los que se enfrentan los ciclistas estuvieron en un rango entre los 70 y 135 µg/m3 (unidad de masa del Sistema Internacional que equivale a la millonésima parte de un gramo) para los días entre semana, y entre los 28 y 70 µg/m3 para un día de fin de semana.

Según Martínez, esto significa que los ciclistas se encuentran expuestos a valores instantáneos de concentración que superan ampliamente los valores considerados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como perjudiciales para la salud de las personas.

¿Cómo se realizó?

El estudio se realizó mediante la adaptación de una bicicleta con dos equipos que monitorearon la calidad del aire en tiempo real con el fin de medir la concentración de Material Particulado Fino (PM2.5) y Black Carbon (BC) conocido comúnmente como hollín, ambos contaminantes característicos de la emisión de vehículos que usan el diésel como combustible.

Estas mediciones se realizaron durante tres días a la semana y los domingos durante cinco meses en diferentes ciclorrutas de la ciudad: avenida Boyacá, entre calles 13 y 80; calle 26, entre carreras 96 y 50; avenida 19, entre calles 100 y 146 y carrera 11 entre calles 63 y 100. A todo esto se le sumó un aforo vehicular para obtener el tipo y cantidad de tráfico que se moviliza por las zonas estudiadas para determinar el impacto que tiene este en los niveles de contaminantes y poder comparar las concentraciones encontradas.

La intención del investigador es demostrar la importancia que tiene medir la variable calidad del aire como un elemento clave para el diseño y la construcción de la infraestructura para los usuarios de la bicicleta y también que los biciusuarios tengan conciencia de lo imprescindible que es usar sistemas de protección respiratoria adecuada para evitar problemas de salud debido a la calidad del aire. “Este estudio pretende sensibilizar a los actores claves de la movilidad sobre el equilibrio que debe existir entre las variables económicas, ambientales y sociales a la hora de pensar en los medios alternativos de transporte”, dijo Martínez.

La idea es hacer extensivo el uso de máscaras de protección tipo N95, debido a que otras medidas como el uso de tapabocas no ofrecen protección a los contaminantes que pueden ocasionar enfermedades respiratorias agudas. La presencia de tráfico vehicular y su cercanía con las ciclorrutas tiene un impacto directo en los niveles de contaminación encontrados.

Los investigadores esperan que la Administración tome en cuenta este estudio no solo para revisar los 440 kilómetros de ciclorruta que existen hoy en la ciudad, según cifras de la Secretaría de Movilidad, sino para futuras obras e infraestructura pensadas para el uso de biciusuarios.

Diésel contamina más

Según el informe ‘Bogotá, Cómo Vamos’ del 2012, la calidad del aire tiene un impacto sobre las condiciones de salud de las personas, las plantas y los animales, de ahí radica la importancia de hacer un seguimiento a la emisión de material particulado como consecuencia de los procesos industriales, el transporte motorizado y otras actividades que contaminan el aire.

En el caso de Bogotá, la calidad del aire se estima con relación al material particulado que se encuentra en el aire, el cual para ser clasificado como bueno debe tener entre 0 y 54 PM10 luego de un monitoreo de 24 horas; para que sea clasificado como peligroso debe tener entre 425 y 604 PM10 durante el mismo periodo de tiempo.

En la ciudad se cuenta con resultados obtenidos con relación a PM10, no obstante, lo ideal es poder contar con resultados más precisos que permitan comparación internacional como los indicadores en PM2.533, ya que, según varios estudios internacionales, estas partículas tienen mayor relación con los indicadores de mortalidad y morbilidad en la población. A la fecha, la ciudad solo cuenta con la estación Kennedy funcionando con información validada y estandarizada con indicadores PM2.5.

Según el informe, en Bogotá, hay una tendencia decreciente en los indicadores, lo que para el 2012 representó una disminución del 4 por ciento frente al año anterior. Es bueno destacar que en el 2012 empezó a ser usado en la ciudad un diésel de mejor calidad. Según los expertos esto ayudó a la disminución en el impacto que genera el parque automotor en la calidad del aire, ya que este representa el 60 % de la contaminación del aire, frente al 40 % que generan las fuentes fijas de la industria local.

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